Se trata de la historia de un padre, Luis Esteban, que vivía preocupado por los males de esta época: la crisis de todo tipo imperantes en su país y en el mundo. Se preguntaba de qué manera podría contribuir para disminuirlos y siempre se sentía impotente para remediarlos.
Un dia, Luis Esteban, estaba leyendo las Noticias del Día mientras su hijo , Fabio Adrian, de siete años estaba jugando a su alrededor. Intentó que su hijo se fuera a jugar a otro lado. Como Fabio Adrian insistía en quedarse y viendo que no podría convencerlo, comenzó a pensar en algo para entretenerlo.
Sabía que uno de los juegos favoritos del niño era armar rompecabezas. Entonces se le ocurrió improvisar uno casero. Para ello, ante la mirada interrogante del niño, tomó una revista y arrancó la pagina donde había un mapa del mundo. Con una tijera cortó el mapa en varios pedazos de diferentes tamaños y se le entregó a su hijo con un rollo de cinta adhesiva, y le dijo:
-Como sé que te gustan los rompecabezas, acá te hice uno con el mundo, que ahora esta todo roto, para que vos lo arregles.
El niño, entusiasmado, se fue a un rincón de la habitación para recomponer el mapa.
El padre sabía que su hijo era muy chico para conocer la ubicación de los países en el mapa, por lo cual calculó que le llevaría un par de días armarlo y que incluso tendría que utilizar algún otro mapa como guía.
Entonces, satisfecho por la solución que había encontrado, volvió a enfrentarse en su lectura. Pero para su sorpresa, al rato, el niño con mucha alegría fue orgulloso hacia él, mostrándole el mapa perfectamente armado.
El padre no podía creer lo que veía. Era imposible que hubiera podido arreglar el mapa sin ninguna ayuda y en tan poco tiempo. Entonces muy intrigado, le preguntó:
- Hijo, tu no sabías como era el mundo ¿cómo es que lograste arreglarlo?
- Es verdad papi, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tu cortabas la hoja del mapa, yo vi que del otro lado había la figura de un hombre. Cuando me diste el mundo, yo intenté arreglarlo, pero no pude. Entonces me acordé del hombre, arme el hombre y me di cuenta que había arreglado el mundo.
Conclusión
Fabio Adrian, de solo 7 años, nos ha dejado una lección. Si pretendemos hacer de este mundo un mejor lugar para vivir, es necesario primero producir el cambio en nosotros mismos.
Ya lo decía un sabio hace mucho tiempo: "Si el mundo ha de ordenarse, antes debe cambiar mi país. Si mi país debe cambiar, primero debe rehacerse mi ciudad. Si mi ciudad debe ser puesta en orden, mi familia debe ordenarse primero. Si mi familia ha de regenerarse, yo debo ser el primero en hacerlo".
Los buenos ejemplos, los valores, la solidaridad, la perseverancia, la esperanza y la fe, también se transmiten y contagian. Ese es el gran desafío que tenemos: Empezar por nuestra propia transformación para producir ese anhelado efecto multiplicador que nos lleve a lograr una ciudad, un país y un mundo mejor.
El título de esta historia podria haber sido: "Para arreglar el mundo, primero tenemos que arreglar al hombre."
domingo, 24 de enero de 2010
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