viernes, 20 de noviembre de 2009

A menudo, aprendemos de los niños.

Hace algún tiempo, un padre castigo a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado para envolturas. Estaban escasos de dinero y se puso furioso cuando la niña trato de decorar una caja para ponerla bajo el árbol de Navidad.

A pesar de todo, la pequeña niña le llevó el regalo a su papá la mañana siguiente y le dijo: "Esto es para tí, papí". Él se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vío la caja vacía y le grito: "¿No sabes que cuando uno da un regalo, se supone que haya algo dentro de él?"

La pequeña niña lo miró con lágrimas en sus ojos y dijo: "Papí, no esta vacía, yo tiré besitos dentro de la caja, todos para tí, papito."

El padre se sintió destrozado. Rodeo con sus brazos a su hijita y le rogó que lo perdonara. Mi amigo me dijo que aún conserva aquella caja dorada junto a su cama desde hace muchos años. Cuando se sentía desanimado y triste, sacaba uno de aquellos besitos y recordaba el amor con que una niña los había depositado allí.








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